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14:00 · 23 de julio de 2021

COVID persistente (Long COVID): consecuencias a largo plazo de la enfermedad COVID-19

A medida que avanza la pandemia quedan cada vez más claros todos los daños para la salud que causa el coronavirus SARS-CoV-2. En este artículo informamos sobre los posibles efectos a largo plazo de la COVID-19.

COVID persistente

Las enfermedades virales pueden ser traicioneras. A veces, los enfermos siguen experimentando síntomas mucho tiempo después de haber superado la infección. Especialmente en los casos de infecciones que causan neumonía se observan generalmente periodos de recuperación más largos. COVID-19 no es una excepción, sino todo lo contrario. Se considera que el SARS-CoV-2 es un virus multiorgánico, es decir, que no solo afecta los pulmones, sino también otros numerosos órganos, tales como los riñones, el corazón, el hígado y el cerebro. En consecuencia, los efectos tardíos de la COVID-19 observados hasta ahora se manifiestan a través de diversos síntomas.

Diversos cuadros clínicos

Debido que se trata de un nuevo virus y una nueva enfermedad, los efectos a largo plazo y las posibles secuelas de la COVID-19 no han podido ser claramente definidos ahora. Las consecuencias a largo plazo de la COVID-19 no son descritas actualmente como un fenómeno uniforme, sino como diferentes cuadros clínicos que pueden manifestarse tanto con un desfase temporal como paralelamente en diferentes modalidades.

De falta de aire a mareos: posibles síntomas de la COVID persistente

Alrededor del 80 por ciento de los contagiados no sienten nada o casi nada de una infección con el coronavirus. En los casos leves, la infección con coronavirus dura entre dos y tres semanas. En los casos graves, la fase aguda de la enfermedad puede durar el doble. Tras un tratamiento intensivo, a menudo se observan en diversos órganos consecuencias a largo plazo específicas para cada uno de ellos. Tras la fase aguda, algunos pacientes desarrollan síntomas tales como agotamiento constante e incluso falta de aire, trastornos neurológicos, vómitos repentinos o intensos mareos. Ese fenómeno se conoce como “COVID persistente” o "síndrome pos COVID-19”. Todavía no se dispone de datos fiables y representativos sobre la proporción de enfermos con secuelas a largo plazo. La Sociedad Alemana de Neumología y Medicina Respiratoria (DGP) estima que aproximadamente el diez por ciento de todos los pacientes sufren consecuencias de ese tipo a largo plazo.

COVID persistente luego de COVID-19 grave

Los pacientes con una evolución grave de COVID-19 son especialmente propensos a sufrir consecuencias a largo plazo. Datos de Inglaterra indican que alrededor del 40 % de los pacientes que sufrieron una COVID-19 grave necesitan apoyo médico a largo plazo, por ejemplo, para mejorar sus funciones pulmonares o las de otros órganos afectados. En muchos pacientes, transformaciones en los pulmones continúan subsistiendo muchos meses después del inicio de los síntomas. Según un estudio (solo en inglés), el 76 % de los aproximadamente 1.700 pacientes hospitalizados en Wuhan con una infección de COVID-19 siguieron teniendo seis meses después del contagio al menos un síntoma: el 63 % sufría fatiga o debilidad muscular, el 26 % trastornos del sueño y el 23 % depresión o trastornos de ansiedad. En un estudio preprint alemán (solo en inglés) se llegó a conclusiones similares.

Efectos tardíos en evoluciones leves de COVID-19

La COVID persistente también puede afectar a pacientes con evoluciones leves y manifestarse con una gran variedad de síntomas. Se describen, por ejemplo, trastornos de la memoria que aparecen posteriormente. Además, la pérdida del sentido del gusto y del olfato, un síntoma típico de la infección con el virus SARS-CoV-2, puede permanecer también durante mucho tiempo después de la recuperación. Uno de los síntomas más comunes de la COVID persistente es la fatiga, un estado de agotamiento crónico que muchos pacientes recuperados padecen incluso meses después de la fase aguda de una COVID-19 (ver recuadro informativo).

Primeras clínicas ambulatorias y grupos de autoayuda pos-COVID

Los síntomas tardíos de la COVID-19 son muy poco específicos, incluidos los daños permanentes, y actualmente se están investigando todavía. Simultáneamente se toman medidas para ayudar a los afectados y obtener más información. Algunos hospitales ya están creando clínicas ambulatorias pos-COVID para atender a los pacientes con secuelas a largo plazo, como por ejemplo el Hospital Universitario Ruhrlandklinik, de Essen, y el Hospital Universitario de Jena. En Jena, casi la mitad de las personas que solicitaron asistencia (46 %) habían superado la enfermedad sin ser hospitalizadas. En esas personas se observaron sobre todo los siguientes síntomas de COVID persistente: fatiga (60 %), depresión (40 %) y trastornos cognitivos (20 %). El Hospital Universitario Charité (enlace solo en inglés) de Berlín, ofrece servicios de tratamiento de la fatiga pos-COVID. Si los síntomas de fatiga persisten después de seis meses, los afectados pueden presentarse allí para obtener ayuda. También se han formado ya grupos de autoayuda.

Fatiga: agotamiento progresivo

La fatiga es una sensación de persistente cansancio, agotamiento y desgana. La fatiga suele acompañar enfermedades crónicas como el cáncer o el reumatismo. La fatiga también puede producirse después de infecciones virales como la COVID-19. Todavía no se conocen bien las causas. A menudo no es el virus en sí, sino el sistema inmunitario el que aún no ha recuperado la estabilidad tras la infección, según el sitio web sobre la fatiga pos-COVID del Hospital Universario Charité, de Berlín. En caso de duda, se debe consultar al médico de cabecera. A menudo ayuda el descanso en la fase de convalecencia: reposo y relajación, suficiente sueño, ritmo diurno-nocturno normal y evitar situaciones estresantes. También son beneficiosas técnicas de relajación tales como el yoga, el entrenamiento autógeno, la meditación y los ejercicios de respiración.

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